La poliomielitis es una
enfermedad causada por la infección con el poliovirus. El virus se propaga por:
• Contacto directo de persona a
persona.
• Contacto con moco o flema infectados
de la nariz o de la boca.
• Contacto con heces infectadas.
El virus entra a través de
la boca y la nariz, se multiplica en la garganta y en el tubo digestivo para
luego ser absorbido y diseminarse a través de la sangre y el sistema linfático.
El tiempo que pasa desde el momento de resultar infectado con el virus hasta la
aparición de los síntomas de la enfermedad (incubación) oscila entre 5 y 35
días (un promedio de 7 a 14 días). La mayoría de las personas no presenta
síntomas.
Una vez dentro del torrente
sanguíneo el virus comienza a multiplicarse dentro de células a las que
infecta. Lo más habitual es que esto suceda en el entorno del tubo digestivo,
pero es normal que pase a otros lugares del cuerpo humano a través de las
arterias y venas. Así, el poliovirus es capaz de llegar al sistema nervioso en
algunos casos y allí provoca una infección más o menos grave, según el caso. La
parte del sistema nervioso que se ve afectada con más frecuencia son las
meninges, las cubiertas del cerebro, provocando así una meningitis.
Sólo en unos pocos casos de
meningitis se produce daño colateral del sistema nervioso central. Si esto
ocurre, las neuronas motoras, responsables de la movilidad de los músculos de
nuestro esqueleto, se inutilizan de forma permanente. Así, los músculos
afectados se quedan paralizados, flácidos, y al poco tiempo se atrofian
volviéndose pequeños y fibrosos.
A los pocos días de la
infección el virus deja de multiplicarse en nuestro organismo y más tarde se
eliminará completamente, tanto si ha producido daño cerebral como si no.
Siempre que el virus esté dentro del cuerpo, el niño infectado será una fuente
de contagio de poliomielitis para el resto de personas cercanas a él.

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