DIAGNÓSTICO DE LA POLIOMIELITIS
Los
síntomas y signos clínicos son poco específicos, por lo que es difícil llegar
al diagnóstico de poliomielitis si un niño acude al médico en la etapa
subclínica de la infección. En cualquier caso, el dato más importante para
sospechar la presencia de la enfermedad es no haber vacunado al niño
correctamente. Si un niño está bien vacunado contra la poliomielitis, el riesgo
de contraerla es nulo y nunca tiene por qué ser una posibilidad diagnóstica.El
médico en la consulta podrá hacer preguntas a la familia sobre el calendario
vacuna del niño y sobre la enfermedad actual (¿cuánto tiempo lleva así?, ¿hay
alguien más enfermo en casa?, ¿qué síntomas tiene?, etcétera). Después
explorará al niño para detectar signos de su cuerpo que supongan una alarma. El
dato más grave sería rigidez de nuca, que se produce cuando hay una meningítis
por cualquier motivo. Si la rigidez de nuca está presente se pueden plantear
pruebas más invasivas para identificar la meningitis.
Una
prueba diagnóstica muy importante si hay sospecha de meningitis es la punción
lumbar Se trata de introducir una aguja a través de la columna vertebral para
poder extraer un poco de líquido cefalorraquídeo que baña al sistema nervioso.
Una vez más, los datos de esta prueba son inespecíficos, sirve para confirmar
la meningitis infecciosa, descartar que la causa sea una bacteria, y confirmar
que sea un virus, pero no confirma que sea justo el virus de la polio el causante.
La
analítica de sangre durante una poliomielitis sirve de poco; se pueden
identificar algunas alteraciones de inflamación y de infección, pero
aparecerían en cualquier infección vírica. El estudio de anticuerpos contra
bacterias o virus podría dar positivo para poliovirus, pero a día de hoy no se
trata de una prueba de rutina, por lo que sólo se indica cuando no se haya
puesto vacuna de la polio.


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